Cuánto te echo de menos, Baby. Eras una bolita, hecha toda de dulzura y algodón. Tan bonita y tan suave. No olvidaré jamás tus ojos, tan vivos y despiertos. Comprensivos. Compasivos. Guardaré tu imagen con cariño. Te recordaré tal y como eras, tan pequeña, que a veces me resulta difícil comprender este hueco, tan enorme y profundo, que nos has dejado.
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martes, 12 de febrero de 2013
jueves, 7 de febrero de 2013
Enlazados
Cada mañana, los vecinos despertaban desconcertados por la telaraña dorada que atrapaba a las farolas, las esquinas y hasta las flores que nacían de los balcones. Y es natural la sorpresa, pues cada día había más hilo llenando las calles. Ignoraban la promesa de amor que Marcos hizo a Natalia y que, atados cada uno al extremo de un lazo de seda, no estaban dispuestos a perderse.
Connie Marchante Sáez, Cachitos de Amor 2, ed. Acen, Comunidad Valenciana, febrero 2013.
Connie Marchante Sáez, Cachitos de Amor 2, ed. Acen, Comunidad Valenciana, febrero 2013.
miércoles, 9 de enero de 2013
Tenía razón
Escuchaba: "No vales para nada".
Pero cargaba los libros, los logros,
todos sus planes y sus ambiciones
y las defendía a capa y espada.
Y siempre sonaba "No vales para nada".
Cumplió los años, uno tras otro,
acumuló decepción y frustraciones,
le rompieron el sueño; se acabó la magia.
Ahora que entiende que no sirvió para nada,
puede comenzar de nuevo, libre de cargas.
martes, 8 de enero de 2013
Olvidar (te)
Escribió: "¿Ves? Hace ya más de un año que no te envío mensajes. Prometí que te olvidaría, que no te molestaría, y lo estoy cumpliendo por ti, cada día".
Cuando vio que el mensaje estaba enviado, rompió a llorar.
lunes, 7 de enero de 2013
Primer propósito de Año Nuevo
Debería estar arrepentida
y suplicar perdón.
Lamentar las mentiras,
tanta maldad creciente,
el odio sin medida.
Enfrentarme al espejo,
mirarme a los ojos,
cara a cara, sin miedo,
y pedirme perdón
por el daño que me he hecho.
y suplicar perdón.
Lamentar las mentiras,
tanta maldad creciente,
el odio sin medida.
Enfrentarme al espejo,
mirarme a los ojos,
cara a cara, sin miedo,
y pedirme perdón
por el daño que me he hecho.
miércoles, 2 de enero de 2013
Carta a la alumna
No preguntes, querida alumna,
cuándo dejarás de ser demasiado
joven para poder cambiar.
Los jóvenes evolucionan
constantemente, y quiero
contártelo porque tal vez
yo pronto lo olvide.
No maldigas tu postura,
ni lamentes que solo los ignorantes
conocen la felicidad.
Pues tú bien sabes, como yo,
que nunca pretendimos
ser felices.
Si me sigues, si me escuchas,
es porque ansías saber,
y sobre todo, saber contarlo.
Tú único pecado es ser mi alumna,
pues la maldición del discípulo
radica en tener que superar
los errores del maestro.
Aunque, probablemente,
sea una palabra
muy grande para mí.
Y, sin embargo, son tan
terribles mis faltas, tan
profundas mis grietas,
que ya me siento
demasiado mayor
para poder cambiar.
Por eso, querida alumna,
discípula,
tan joven, tan afortunada,
que posees el tiempo en tus manos
y que ya has ganado tanto,
te pido que camines con cuidado
sobre mis turbios pasos, cuando los sigas.
Y que cuides mis errores con cariño,
porque yo aún los amo.
martes, 1 de enero de 2013
Lo imposible inevitable
Él le dijo que era imposible, que jamás sucedería. Se lo decía porque lo creía verdaderamente. Firmemente. Y por esa creencia se alejó de ella mil veces y, sin saber muy bien por qué, otras tantas regresó a su lado. Pasó el tiempo y él siempre tuvo la razón. Así lo creía. Tan inflexible y acertado estuvo que, después de muchas lágrimas e intentos, la convenció de aquella imposibilidad absoluta. Creyó, junto a él, en aquella realidad no-posible. Y, entonces, solo entonces, sin razón y sin sentido, sucedió.
Y ahora, cuando los sueños son realizables, ella cree en lo Imposible, como aquel que creyó algún día en lo Fatal. Y lo busca incansable. Inevitablemente.
Y él, que ya no está convencido del todo de estar en lo cierto -aunque todavía no lo sepa-, puede que comience a creer en ella.
(Porque la está leyendo en estos momentos).
(Porque la está leyendo en estos momentos).
lunes, 19 de noviembre de 2012
Enajenación del beso
Me siento protegida
por tus labios,
pues sumergida
en ellos no hay dolor,
ni miedo, ni pensamiento.
Tus manos me abrigan
el alma y la adormecen
ingenua, sin saber que
sucederá el minuto siguiente.
Qué suave el murmullo
de la carne despreocupada
y ardiente, sin peso.
Qué bella la ignorancia
feliz que se produce
siempre durante el beso.
por tus labios,
pues sumergida
en ellos no hay dolor,
ni miedo, ni pensamiento.
Tus manos me abrigan
el alma y la adormecen
ingenua, sin saber que
sucederá el minuto siguiente.
Qué suave el murmullo
de la carne despreocupada
y ardiente, sin peso.
Qué bella la ignorancia
feliz que se produce
siempre durante el beso.
domingo, 18 de noviembre de 2012
Leonor
Esta tarde fría y turbia
me muerden los recuerdos
los dedos de los pies.
Y van subiendo.
Dormiría con cuervos negros
a la sombra de Palas
si con ellos Leonor volviera.
Allan Poe también
pronunció "Nunca más"
en mi oído tibio y trémulo.
Pero yo apenas podía
creerme debajo de su aliento.
Le extraña demasiado mi piel
desconcertada mientras duele
el siglo XIX dentro de las venas.
Le extraña demasiado mi piel
desconcertada mientras duele
el siglo XIX dentro de las venas.
No lograré escapar,
pese a todo,
de este no saber parar,
de querer seguir intentando.
Definitivamente,
soy demasiado mayor
para estar tan loca.
miércoles, 31 de octubre de 2012
Halloween
Aquella noche del 31 de octubre apenas durmió, eso es cierto. Fue a una fiesta con amigos y regresó sola a altas horas de la madrugada, a pesar de las amenazas sobre fantasmas y monstruos que la acompañarían de camino a casa por parte de los amigos, medio borracha y jugando a ser trapecista sobre sus tacones. Recorrió el pasillo, regándolo de las uñas postizas de bruja. Una vez metida en la cama, poco le importó ensuciar las sábanas con los restos del maquillaje de su disfraz de Halloween. Soñó con sombras y sensaciones extrañas, todo producto del alcohol y el desenfreno de la noche.
Cuando, a la mañana siguiente, se miró en el espejo del cuarto de baño, recién levantada, estaba perfectamente maquillada y con la manicura francesa hecha.
lunes, 15 de octubre de 2012
Fotografía
Me retrata el día, una vez más,
acurrucada en cualquier rincón
de una existencia templada.
Y yo, que siempre busco
a quien me contagie de ataraxia,
me dejo vencer
por la hipersensible nostalgia
del que no sabe hacerlo mejor.
Que no podría, de cualquier modo.
acurrucada en cualquier rincón
de una existencia templada.
Y yo, que siempre busco
a quien me contagie de ataraxia,
me dejo vencer
por la hipersensible nostalgia
del que no sabe hacerlo mejor.
Que no podría, de cualquier modo.
domingo, 14 de octubre de 2012
Beatus ille
Escapan de sus labios a borbotones ansiosos los silencios.
Y sus pestañas aletean las ansias por volar.
Y tú le miras, y no lo adivinas.
O ya lo sabes, y prefieres no mirar.
Y sus pestañas aletean las ansias por volar.
Y tú le miras, y no lo adivinas.
O ya lo sabes, y prefieres no mirar.
sábado, 13 de octubre de 2012
No hay remedio
Vivir siempre equivocada,
hacer del error un hábito
y de la indiferencia un gesto más.
Y querer curar este alma,
arrepentirme del pacto tácito
que me hice de no cambiar.
hacer del error un hábito
y de la indiferencia un gesto más.
Y querer curar este alma,
arrepentirme del pacto tácito
que me hice de no cambiar.
martes, 9 de octubre de 2012
La historia de la mujer-luciérnaga
Érase una vez una niña-libélula que tenía miedo a la oscuridad.
Utilizaba los días para huir volando de las noches, siempre en dirección a cualquier otro lugar. Un atardecer en que las sombras ya le alcanzaban, llegó un hada blanca y le dio luz propia.
La mujer-luciérnaga siguió volando, pese a todo, porque se había acostumbrado a no estar.
Utilizaba los días para huir volando de las noches, siempre en dirección a cualquier otro lugar. Un atardecer en que las sombras ya le alcanzaban, llegó un hada blanca y le dio luz propia.
La mujer-luciérnaga siguió volando, pese a todo, porque se había acostumbrado a no estar.
jueves, 4 de octubre de 2012
Antes de lo evidente
Abrí una ventana
y la luz me hizo daño en los ojos.
Hubiera querido contarle al mundo
que soy distinta y sin embargo,
no mejor.
Que he descubierto nuevos pasadizos
oscuros del laberinto que todos tenemos por alma,
pero que no me atrevo a explorarlos.
Hubiera querido contar con alguien
que quisiera estar al otro lado.
Pero tanta luz me dañó los ojos,
así que preferí cerrar la ventana,
en silencio.
Sin embargo, ya poco importó cerrarla.
La luz de la pantalla del ordenador
seguía estando ahí.
y la luz me hizo daño en los ojos.
Hubiera querido contarle al mundo
que soy distinta y sin embargo,
no mejor.
Que he descubierto nuevos pasadizos
oscuros del laberinto que todos tenemos por alma,
pero que no me atrevo a explorarlos.
Hubiera querido contar con alguien
que quisiera estar al otro lado.
Pero tanta luz me dañó los ojos,
así que preferí cerrar la ventana,
en silencio.
Sin embargo, ya poco importó cerrarla.
La luz de la pantalla del ordenador
seguía estando ahí.
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